Nosotros

Los países latinoamericanos viven hoy un período excepcional de su historia que está marcado por grandes cambios que han significado el afianzamiento de la democracia y la ampliación de los derechos, así como el mejoramiento de las condiciones de vida de millones de mujeres y hombres. La capacidad tecnológica, científica y productiva de esta región ha tenido avances extraordinarios. Sin embargo, no podrá obviarse la existencia de profundas desigualdades sociales y de los niveles de progreso y desarrollo. Sumado a ello la región se encuentra interconectada a las crisis globales de nuestro tiempo: el crecimiento mundial de la pobreza, el aumento del militarismo y la existencia de gobiernos autoritarios, la negación de derechos y de libertades, el quebrantamiento del estado de derecho, la permanente carrera armamentista y el daño irreversible a la naturaleza. Económicamente los países latinoamericanos han ido mejorando las tasas de crecimiento, la inflación y han conseguido cierta estabilidad monetaria. Todo ello le ha permitido ocupar un espacio significativamente mayor en el comercio internacional, lo que ha favorecido nuevas estrategias para lograr un desarrollo sostenible y socialmente justo que tiene por prioridad potencias las capacidades de la región.

La Fundación Justicia, Paz y Solidaridad puede ser de una gran trascendencia para el logro de una nueva estrategia de la paz y de desarrollo social y cultural. La paz se concretará en la medida que se potencialicen los derechos y los deberes de cada ciudadano. La asistencia humanitaria, acompañada de procesos integrales, constituye un elemento estratégico privilegiado para lograr mayor bienestar colectivo. A mayor participación social, mayor consenso y, por ende, mayor eficacia. Por ello, las expectativas que se ciernen sobre los ciudadanos hoy requieren la redefinición de políticas, planes, programas, visiones orientadores, currículos, capacidad de gestión y, sobre todo, un compromiso con la innovación y la transformación profunda y abarcadora de la vida.

La participación, como se ha afirmado antes, es fundamental para alcanzar un nuevo estadio de paz en la sociedad. Lograr una mayor interacción entre los diversos factores sociales, requerirá reorganizar las formas de participación y de acción y quebrar el aislamiento y el fraccionamiento que actualmente existe. Resultará imprescindible también diseñar instancias de intercambio de experiencias y vincular los proyectos de promoción de la paz a las necesidades de toda la sociedad, incluidas las del aparato social y privado. Asimismo, el conjunto de demandas y necesidades de la sociedad requerirá una permanente evaluación de contenidos, métodos y formas institucionales para posibilitar una mayor flexibilidad y capacidad de dar respuesta a los desafíos de la integración local y nacional y a la demanda de paz que continuará creciendo.

El diálogo entre los ciudadanos necesita replantearse en función del surgimiento de otros actores importantes y de procesos que atentan contra la paz. Sólo una estrategia consensuada, donde cada uno comprometa recursos y esfuerzos, podrá hacer realidad las transformaciones necesarias. La prevención de la violencia tendrá más probabilidad de éxito si se gesta en el propio seno de la sociedad, que si se hace a través de la imposición o la adopción de modelos institucionales foráneos. El desafío es la reinvención de instituciones que satisfagan las demandas y carencias de la sociedad, preservando la riqueza de las tradiciones, del acervo cultural y la gran diversidad y creatividad de su gente.